Tú y tus desvelos. Tus cuatro años esperando por las noches que quedara un huequito para tí. Tú mirándote al espejo. Tú esperando, sonriente, la salida de aquel estadio de atletismo. Una pista de 400 y tú al final del camino. Tú en la playa, cargada de bolsas de colores, llenas de cubos y palas. Tú en el fondo de la cocina, preparando la comida de cada día. Tú llorando... tú buscando la felicidad. Tú tirada en Torrenueva, con la espalda en una barca de pescadores. Preparando el café por la mañana, nada más levantarte porque si no, te da por estornudar. Chocolate a mediodía. Tú y tu nuevo coche. Y tus inquietudes, y tu espera. Tú mirando al perro dormido. Jugando a adivinar las visicitudes del futuro. Haciendo un escudo de defensa para tus miedos. Rescatando el fantasma del coronel, el alma viva. Tú, al fondo.
Felicidades, mamá.
domingo, 3 de mayo de 2009
sábado, 2 de mayo de 2009
19 días y 500 noches
Vuelvo. Ella me amenaó seriamente si no lo hacía delante de una clara con limón y una berenjena con miel en La Bien Pagá. Estoy cansada de abrir tu blog y que salga siempre la misma foto. Es verdad. Mucho meses y muchas cosas, algunas inexplicables.
Una amiga me dijo un día al sol del Peñón torreño. Tienes muchos huevos, mucha fuerza. No explico cómo pudiste salir del bache de tu vida, ni cómo te tomas estas cosas tan bien.
Cuando te rompen el corazón (aunque realmente no sé si este es el caso) de lo único que me quedan ganas es de lamentar todo el tiempo que he perdido para hacer otras cosas, para pensar en otras personas y para tocar otras estrellas.
No es el caso porque me planteo muchas cosas ahora, a toro pasado como dicen aqui. Le echo de menos pasadas las diez de la noche, a las tres, cuando me contaba su vida. Las vanalidades de un día a día que poco a poco iba haciendo también mío sin darme cuenta. Cuando me decía que iba a endiñarle a Nopasanada...que era increíble. Luego llegó el agua fría, los alfileres en el alma y el cansancio. De nuevo yo, de nuevo mi puta mala suerte.
Pero las cosas pasan y volví a la rutina. Pequeñas sorpresas que te depara la vida. A la sonrisa de Javi que ya da tres pasos aunque luego se caiga de culo, a las páginas, a la falta de tiempo, a las ganas de abrir la ventana y salir volando a donde sea, al pino compartido con el padawan, a las peleas con Ivan y a descubrir que hay vida más allá de las fronteras almerienses. A la necesidad de conocer el Cabo (un día de estos te digo que me lleves) y sus rincones más perdidos donde, con suerte, no hay cobertura de movil.
Suelo cumplir las cosas que prometo, aunque luego, muchas veces, no cumplan conmigo. Suelo encadenarme a las noches más largas intentando esconder el sol. Pero llega. El día, el trabajo, el estrés. El buscarte a tientas al otro lado.
No estás. No hay nada. El sol en el cielo.
Pero, ¿sabes una cosa, Chikitica? Puede que ahora intente ser feliz.
(Me debes una birra)
Una amiga me dijo un día al sol del Peñón torreño. Tienes muchos huevos, mucha fuerza. No explico cómo pudiste salir del bache de tu vida, ni cómo te tomas estas cosas tan bien.
Cuando te rompen el corazón (aunque realmente no sé si este es el caso) de lo único que me quedan ganas es de lamentar todo el tiempo que he perdido para hacer otras cosas, para pensar en otras personas y para tocar otras estrellas.
No es el caso porque me planteo muchas cosas ahora, a toro pasado como dicen aqui. Le echo de menos pasadas las diez de la noche, a las tres, cuando me contaba su vida. Las vanalidades de un día a día que poco a poco iba haciendo también mío sin darme cuenta. Cuando me decía que iba a endiñarle a Nopasanada...que era increíble. Luego llegó el agua fría, los alfileres en el alma y el cansancio. De nuevo yo, de nuevo mi puta mala suerte.
Pero las cosas pasan y volví a la rutina. Pequeñas sorpresas que te depara la vida. A la sonrisa de Javi que ya da tres pasos aunque luego se caiga de culo, a las páginas, a la falta de tiempo, a las ganas de abrir la ventana y salir volando a donde sea, al pino compartido con el padawan, a las peleas con Ivan y a descubrir que hay vida más allá de las fronteras almerienses. A la necesidad de conocer el Cabo (un día de estos te digo que me lleves) y sus rincones más perdidos donde, con suerte, no hay cobertura de movil.
Suelo cumplir las cosas que prometo, aunque luego, muchas veces, no cumplan conmigo. Suelo encadenarme a las noches más largas intentando esconder el sol. Pero llega. El día, el trabajo, el estrés. El buscarte a tientas al otro lado.
No estás. No hay nada. El sol en el cielo.
Pero, ¿sabes una cosa, Chikitica? Puede que ahora intente ser feliz.
(Me debes una birra)
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