lunes, 29 de septiembre de 2008

Juntos y revueltos

Más que mil palabras, en este caso más de dos mil. Son ellos, los que están siempre aunque a veces les veas menos. Celebramos un aniversario, 25 años de casados, que ya es tela. 25 años echandonos un cable, ayudando a superar los malos momentos. Y pensar que consiguen, tras el tiempo, reunir a tanta gente. Si hay algo o alguien de quienes me sienta tremendamente orgullosa esos llevan mi apellido. Son mi familia. Pero la de verdad. Porque hay familias y familias. Y las familias con segundas es para desterrarla y no volver a verla nunca más y ahí te quedes cabrón para los restos. En cambio, cuando te echan la mano a buenas, no al cuello, siempre hay que agradecer. Por eso ahí les dediqué esta entrada. Esperando nuevos amaneceres, qué vamos a hacerle. Es el tiempo.
Tiempo cambiante, gris y lleno de agua. Lágrimas de ángeles. Muchas horas y la sensación de estos días que no se repetirán. De ver pasar los minutos pensando y pensando. ¿Alguien dijo alguna vez que pensar es malo?
Y escuchando esa canción de Melendi de "mejor no te quiero, será más barato" que hicimos popular allá por el Norte, mis compañeras y yo en esos primeros días.
Me vais a perdonar, peor hoy ando algo lenta para escribir... será la falta de sueño.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Mira como tiemblo

Volver a Granada me hace, inevitablemente, recorrer esas calles a oscuras del Albaycín que en su día pasé de largo. Pensar en esos momentos de la época de estudiante, cuando cambiábamos el aula de Política por las escaleras de la Facultad o por la cafetería. Volver a Granada me hace reencontrarme de nuevo con esos sitios que frecuentaba por las noches donde conocí personas y personas. Una de ellas, Elena Bugedo, maravillosa como persona y genial como compositora y cantautora me informa de que en poco tiempo estarán de nuevo en la gira Mira como tiemblo. Una gran canción del pibe Fede Comín que cuando la cantan juntos saltan chispas. Me alegré saber de ella, y del Peor para el Sol de Álvaro. De las canciones de Sabina de Juan Roggeri y Las noches en el harén de Trova. Para ellos fue el trabajo que me llevó un año de investigaciones y que ahora intento que saque la cabeza, como era el deseo de Esteban, infatigable compañero de música y de papeles que se marchó al viento dejando esta ciudad algo más huérfana pero más viva de memoria.
Me gustaría desde aquí, para las más humildes almas pensantes y acompañantes de momentos de la vida, una invitación para conocer más a fondo a esta profesional de la canción de autor, al gran Fede y a Fran y demás troupe que se juntan de cuando en cuando en ese punto de encuentro que es La Tertulia. Buenos momentos en sus sillas, buenas historias y una partida de parchís que le seguimos debiendo a Juan. Mario con sus canciones detrás de la barra y Víctor Jara de fondo.
Granada a veces parece muy sola, pero tiene vida en las aguas de los ríos, en las calles empedradas y en la plaza catedralicia. En la zona de Plaza Nueva y en la entrada al Albaycín. El misterio del mirador de San Nicolás donde duermen amantes y perros. Donde la música de una guitarra es el sonido más entrañable que puedes escuchar. No sé por qué me gusta tanto, pero debe der un lazo tan fuerte que algún día, al romperse, deje en el aire polvo de estrellas.

jueves, 25 de septiembre de 2008

La arena de los relojes

La arena de los relojes, hizo crecer el desierto... como cantaba Ismael Serrano, en su momento, cuando las clases de la Facultad eran aún una realidad como el anhelo de salir de las aulas para emprender una vida laboral que hoy en día aún no para de sorprenderme. Desde este momento a lo mejor por eso, he empezado a hacer más caso a la arena de los relojes. La misma que nos dice que el tiempo se nos acaba. La misma que a veces te juega malas pasadas y te hace pasarlas putas. El caso es que esa misma arena, amarilla como la de algunas playas, pasea por diferentes sitios.
Hoy la leí en un poema de Pablo Neruda, pero hace unos días la encontré naúfraga en un reloj de arena. A veces la vida te besa en la boca, decía Serrat, y a colores se despliega como un atlas.
Como el azul de un río, como esas veces en las que después siempre te arrepientes y un negro velo te tapa los ojos y te dice, ando aquí, mírame a la cara, maldito incauto, que te vas a estampar.
No sé si a más de uno le suena. Es como cuando pones todas tus esperanzas en ciertos momentos y en ciertas vidas que luego resulta que en lugar de paralelas son perpendiculares afiladas como punta de bayoneta. No sé si me explico. Las bayonetas hieren y hacen daño e incluso matan. Los alfileres se clavan como puñales y aunque su cicatriz sea pequeña, el daño que hacen puede llegar a ser muy grande. Historias como esta, momentos confundidos.
El caso es que ahora quiero ser yo de nuevo. Dejar de lado lo políticamente correcto para asomarme a ese mundo que cada día me gusta más. Dejar de pensar en el qué dirán o en el qué pensarán y dejar que me caigan sobre la cabeza chuzos de punta, como estalagmitas, que me arranquen la sangre. Sin estos pequeños momentos, sin estos pequeños arranques, ¿en qué queda la vida?

No sabes lo que haces al acercarte tanto,
no sabes que provocas primero risa... y luego llanto,
no sabes que tus manos son diferentes a las mías,
y que cuando tú te marches se me llenarán de heridas.

No sabes lo que provocas al desordenarte el pelo,
que me he de morder la boca y no decir... te quiero,
no sabes que tu risa es el mayor de mis laberintos,
y que cuando tus ojos falten en los míos nacerá un abismo.

No quiero tener que odiarte cuando de madrugada
sea tan solo tu recuerdo el que se meta en mi cama,
desordenando mis instintos naturales y fecundando en mis brazos el deseo de abrazarte,
no pido más... que seas real.

No ves que voy prendido del vuelo de tu vestido,
y que mi mente loca aún te desabrocha la ropa,
no sabes que del viento he colgado más de un beso
y así de esta manera poder besarte con su aliento.

No quiero quererte si no puedo tenerte,
no quiero desearte si no voy a alcanzarte,
no pido más... que seas real.

martes, 23 de septiembre de 2008

Galicia, Galicia


Plaza del Obradoiro. El punto de llegada para todo peregrino. Aunque de pasada, está bien detenerse a descansar. Un viaje que termina, una estela que comienza a despuntarse. A veces hay silencios que valen más que mil palabras y en medio de ellos aparece siempre esa nostalgia. Creo que en ocasiones mi cabeza ha actuado por su cuenta. Pero esta vez fue diferente. Ese pequeño cerebro que me late en el pecho cada vez que quiero pero no puedo de calló. Anestesiado, a lo mejor, por las emociones gallegas. Parece que fue ayer cuando, con el equipaje en la mano, emprendíamos el camino de ida por la Vía de la Plata que como nos comentó Jose (esta te la guardo, amigo) era más bonita pero mucho más larga. 17 horas de viaje para llegar a esa tierra soñada por mí que visité por última vez con mi tía cuando yo tenía algo más de 15 años. Por eso recordaba poco. Algo del poblado de los Castros e incluso la tienda de Tintín al lado del Mercado de la Piedra de Vigo. Unas calles por las que volvimos a pasar. Pero esta vez fue algo distinto. Ese faro del que hablan los marineros y que enmudece a las sirenas volvió a iluminarse a medio camino entre la Ría de Vigo y la de Pontevedra. Qué vamos a hacerle, como dice Pablo Moro, son cosas que pasan. Creo que a veces deberíamos hacer más caso a algunas canciones. Podría rellenar millones de páginas con esas experiencias, con esos momentos, con esa Estrella Polar que se levantó pasadas las siete de la mañana en el Muelle del Puerto de Vigo. Pero no. Volver la vista atrás no es bueno. ni para mí ni para nadie. Y ahora hay que pensar que aquello que vino se quedó o que voló pero que siempre estará. Y muchas gracias por estar, por dejarme quedarme, por querer regalar esa pequeña luz. Por alejarme de la rutina de las mañanas y las tardes. Galicia es un inmenso paraje de silencios, de verdes y de ruidos. Ruidos que aquí no se escuchan, que no llegan o que quedan pendientes. Pero ruidos al fin y al cabo. Necesitaría mucho espacio para contar todo aquello. Las lágrimas contenidas, los "pero si tú nunca lloras" que tuve que escuchar de mis compañeras. No quiero que nadie me pregunte qué pasa, porque sé que nunca sabré responderle bien. O al menos de manera coherente. Mientras tanto, chove en Santiago... qué vamos a hacerle.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Quédate

Ojala supiera cantar tu canción favorita
Y dejases de una vez de una vez de mirar el reloj
Tengo una buena y una mala noticia
La mala es que te quiero, la buena que no tengo valor
Ojala te escondieras con miedo en mi cama
De las nubes cargadas de lluvia de tu contestador
No entiendo la poesía, no me andaré por las ramas
Ya hay demasiadas mentiras en las canciones de amor
Así que quédate, que no será para siempre
Esperaremos juntos que nos separe septiembre
Así que….quédate, que suba la marea
Pase lo que pase habrá merecido la pena
Ojala fuera fácil convencerte de todo
Sin hacerte promesas que no voy a saber cumplir
Quien puede jurar que es real su mapa del tesoro
Quien sabe los secretos para hacerte feliz
Así que quédate, que no será para siempre
Esperaremos juntos que nos separe septiembre
Así que….quédate, que suba la marea
Pase lo que pase habrá merecido la pena

->pues eso, que hoy es que me he levantado así, igual es cosa del mojito, qué vamos a hacerle. desde el trabajo, cómo no, un día más, esperando a que llegue el momento de salir volando unos días de desconexión del mundo, de la ciudad y de los estreses. Y qué mejor para expresar algunas cosas de las que siento que esta canción de Pablo Moro, asturiano él, gracias Su, una de las mejores de su disco (por lo menos para una servidora)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Una noche en el Jaya

Arnedo en Almería, Nor desbocado con Raquel con k y la loca Paloma, Kike y Lidia (creo que se llamaba así), Yayes, Martuqui y una que les habla en el sitio en el que hace aproximadamente un año empecé a conocer Almería. No era todavía noviembre, más bien agosto. Esa llamada de Marisa (por la que siempre te estaré agradecida, amiga de los perritos abandonados) para reinsertarme en el pequeño micromundo de la prensa. Allí conocí a aquellos que eran sus amigos, un entrañable grupejo del que se me olvidaron los nombres al día siguiente pero con los que afortunadamente he vuelto a coincidir en el camino. Personajes de la vida y de la nohe. Un "vamos a la terraza a hablar" o un "quedamos a las diez, ¿dónde coño estás?". El caso es que en el Jaya nos volvimos a juntar. Claras con limón, que al día siguiente hay que trabajar y una sesión de charlas de diversos contenidos. Al final, con la llegada del Kike Jr, el número de hombres aumentó, lo siento Nor, dejaste de ser el único. Pero lo pasamos muy bien. Cotilleos (casi siempre de la mano del Gran Marujo) y algunas charlas más subidas de tono. ¡Qué buenos momentos, eh! Que luego seguro que no se olvidan... por más distancia que haya y más kilómetros que se nos crucen al final estará siempre esa Estrella Polar. (Me ha quedado bien, ¿eh? para que veas que también tengo un lado tierno aunque escondido detrás de esa inmensa armadura que llevo por coraza). Por más días que pasen, más cosas que queden, más historias que dejen de ocurrir o simplemente que sucedan... siempre será un placer. Brindemos por más noches en el Jaya, en la calle o en un banco de la Rambla... que hoy es siempre todavía.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Chove en Santiago


Chove en Santiago
meu doce amor
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.
Chove en Santiagona noite escura
herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.
Olla a choiva pola rúa
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaido
soma de cinza do teu mar.
Soma e cinza do teu mar
Santiago,lonxe do sol
agoa da mañan anterga
trema no meu corazón.
García Lorca es uno de los mejores poetas españoles de todos los tiempos, pase a quien pase y le pese a quien le pese. Ahí queda. Como decía mi buen amigo ceutí Emilio Cózar para quien sólo tengo palabras de agradecimiento y ahora más de buenos recuerdos tras una muerte que por repentina nos dejó a todos desarmados ante la actualidad del día a día. Gracias por el ceitil, compañero.Ahora parece que muchos quieren remover tierra, la que cubre los restos del poeta, la que le hacen que descanse en paz. Ni sus familiares ni algunos compañeros y vecinos dejarán que eso ocurra. O al menos les quedará la tranquilidad de haberlo intentado. Como dice mi amigo entrañable de pelo cano Juan de Loxa, ay dolores en el puente hay una bandera de tres colores...
La letrilla del poema Chove en Santiago (Llueve en Santiago) fue escrito por García Lorca enb un viaje que realizó a Galicia. dicen que las primeras palabras le vinieron a la cabeza en la plaza del Obradoiro. Grupos como Luar Na Ubre o Ismael Serrano la han versionado con una música en la que destaca un fondo de música celta. Él se hubiera merecido poder escucharla.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Resaca de lunes



Por el buen trabajo realizado en feria (Sic), nos invitaron a cenar en un gran restaurante donde nos pusimos como el quico de membrillo y queso o por lo menos, una servidora sí que lo hizo. El caso es que estas son esas pequeñas cosas que como también dice serrat (estoy muy serratiana últimamente, menos mal) nos dejan un tiempo de rosas. Y lo que vino después. Porque una cena no se queda solo en eso en la mayoría de las veces, y si luego no se sale a dar una vuelta pues termina por echarse de menos. El caso es que terminamos tarde, para variar, pero qué queréis que os diga, que nos quiten lo bailao y las bromas, y los buenos ratos y el me voy no te vayas y el chacho tu te vienes. Porque hasta entonces nadie me habia dicho eso de chacho tu te vienes y ha tenido que ser pablo (el españolito sin remedio) quien nos parara los pies a quienes decíamos que ya estaba bien y que´al dia siguiente habia que trabajar.

Pero bueno, es lo que tiene este trabajo, que cuando mejor te lo pasas es cuando tomas la calle aunque no podamos hacerlo siempre que podamos. Y he pensado que aunque la cena fue el lunes, nunca es tarde si la dicha es buena y que después de la melancolía de lluvia y alhambra que me entró ayer hay que seguir recordando que cualquier día es bueno y que, como también afirma amaral, hay que tener en cuenta que no sabemos ni donde, ni cuando ni por qué, ni adonde vamos en estos días en la tierra. Que cualquier momento puede ser el último, que hay que vivirlo con intensidad y qeu Carpe Diem, como aseguraba ese profesor idílico en El Club de los Poetas Muertos. Oh capitán, mi capitán.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve


Lluvia. Cae el agua como siempre pero en un nuevo entorno. Y pienso en Granada. En la Alhambra y su olor a piedra caliza, en las lágrimas de sangre recorriendo sus paredes con la cadencia rítmica del latir de un corazón. No me gusta echar de menos, siempre es un esfuerzo adicional que en ocasiones me niego a acometer. A nadie ni a nada. Granada en la distancia pero siempre en el corazón. Almería se ha convertido en un sitio más donde engordar a duras penas mi tísica cartilla. Una parada obligada en un viaje lleno de escalas. Compleja situación. No me gusta vivir así. Quiero constituir mi propio refugio para esas épocas y momentos en que lo que más quiero es estar sola. A solas con el mar como escribía J. J. Benítez y con mis pensamientos que de cuando en cuando les da por mostrarme mi cruda realidad. No es posible. Sus palabras, más que rozarme me hacen sentir rencor. Y no me gusta sentirlo. Se expande por la casa con quien aparece como cuando se asoma a la ventana. Recordar la independencia de la casa de Rafea, en esa ciudad entrañable que me encantaría visitar próximamente. La inmensidad del Monte Hacho, su fortaleza encendida por la noche y esos amigos que se quedaron al otro lado. Es como una nostalgia. La presencia y la ausencia. por eso quiero escaparme a otra isla. A otra historia y menos secretos. Es una voz que me insta a seguir, a continuar. Y quiero creer que después quedará un paso abierto a sensaciones nuevas porque no todo va a ser este recomello, esta paciencia y este echar de menos a quien antes eché de más. Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, como antes cantaba Sabina... Sigo sin creer, sin más, que allí a lo lejos tras las nubes grises que hoy empañan Almería, aparezca de nuevo el sol. Joan Manuel Serrat será hoy mi banda sonora... Una balada de otoño.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Cabras

Pasadas las dos de la tarde recibo una llamada de España Directo. Juanma Fernández, que no sé quién es, me comenta que le ha encantado el reportaje de mis cabras. Cabras que entran en el cementerio del barrio de Cabo de Gata porque está abandonado y no tiene nada de vigilancia ni control. Los vecinos, por la mañana, me agradecieron que les hubiera echado una mano. Que el reportaje estaba muy bien y que qué bien que lo había reflejado. Ahora a seguir peleando, estas son las pequeñas cosas que a veces a una le hacen sentirse mejor. Tras este encuentro con los de España Directo (es la segunda vez que me llaman) decir que cada vez estoy como mejor, como más contenta con estas cosas. Como Joan Manuel Serrat, esas pequeñas cosas que nos dejaron un tiempo de rosas. Y hablando de pequeñas cosas y de Serrat y demás, decir que quiero felicitar a Chabela, que ha sido su cumple ayer y como no, lo celebra con una quintanillada, ¿no?

jueves, 4 de septiembre de 2008

Cien Gaviotas

Cien gaviotas volando hoy por la redacción al tiempo que respiran el salitre marinero. El mes de septiembre en ciernes y antiguos pensamientos que vienen remolcados por las olas de poniente. Lágrimas de lluvia y olor a barro sucio por las calles. Y de nuevo volvió a la memoria el que jamás debió ser recordado. Que buenas nuevas me traes, qué poco me importa. Es que parece que de nuevo, a traición, las palmeras de la playa de Torrenueva y ese inquietante mes de junio. Sé que seguramente estéis leyendo esto, sé que me duele la boca de deciros que las cosas ya han cambiado que el recuerdo ya se ha ido a la mierda, donde nadie lo ve porque se remueve y huele peste.
Y pensando en lo que serán mis segundas vacaciones, ese mes de septiembre que roza las mejillas con cada puesta de sol, que las playas ya no están llenas de veraneantes ni de domingueros. Ahora que estreno mi minisombrilla, ahí está de acuerdo con mi sueldo, y me siento en la arena con un buen libro. Ahora que ese momento está a punto de convertirse en algo más real que ficticio. Pensando en esas cosas, en esos días. Y entre medias este maldito estrés. Este haz esto o haz lo otro, no tienes tiempo de hacer más nada, pues te multiplicas. Menos mal que en el fondo esto es lo que me gusta. Y eso es una putada... es como estar enganchado a una tortura...y que encima te guste.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Corsarios de Levante

Ayer terminé la última aventura del capitán Alatriste, Corsarios de Levante. Estaba tan enganchada que empecé a leer a las doce de la noche para quedarme dormida y lo dejé a las dos de la mañana tras haber cerrado su última página después de tomarme un helado con mis excompañeros de La Voz de Almería. Me ha parecido increíble. La acción descrita minuto a minuto, apenas con tiempo de descanso. Esa extraña relación que se despierta entre el capitán Diego Alatriste y el joven vizcaíno Íñigo Balboa que a sus diecisiete años se ciega de amor por la traidora Angélica de Alquézar y a punto está de costarle la enemistad con su capitán. Pero al final todo se soluciona. O al menos eso parece cuando Alatriste le echa por encima una vela rota a modo de manta. Entonces leí una frase que me llegó. Balboa dice que con esa acción no le quitó el frío, pero sí le abrigó el corazón. Tengo toda la saga de las aventuras de Alatriste. Creo que entre este libro y el de El Caballero del jubón Amarillo me quedo con los dos. Son los que más me han gustado. El primero estuvo bien, además le tengo mucho cariño porque me lo firmó Pérez-Reverte, que para mí sigue siendo lo más grande en periodista, corresponsal de guerra y escritor. Un genio,. He de reconocer que la película me dejó un poco a cuadros porque en primer lugar no esperaba a Vigo Mortensen haciendo el papel de capitán. Su vocecilla con esa mezcla de acento, entre castellano y argentino terminaron con el encanto rudo de Alatriste. No obstante siempre queda un momento para rendir homenaje a esos libros que te marcan, que te dejan enganchada.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Fin de fiestas


Pues ya punto y final. Se terminó la feria y las calles volvieron a recuperar el ritmo normal de cada día. Menos mal. En el fondo tanta feria tanta salida y sobre todo tanto calor en la del mediodía terminan por agotar a cualquiera. Buenos momentos que han quedado ahí, como el de la foto, con mi compañero de penurias laborales y de mesa Nor, que está muy propio con ese abanico llamando chiquitica a todo el que se le pone por delante. Es cierto que una de los mejores momentos de estas fiestas sigo diciendo que lo pasé viendo a los hermanos Estopa en el escenario, que lo pasamos muy bien con los compañeros de Efe, canal sur o del mismo medio.
Ahora toca la vuelta al trabajo, a pensar y planear esa pequeña escapada que tenemos medio segura a Galicia, a volver a ver las rías y el mar al fondo, a recordar esa estancia que pasé cuando estaba en el instituto…
Pues nada, que manos a la obra, que vuelvo a ver que a Su ya se le acabaron los días también, que ya nos veremos por las calles de Granada, ¿Dónde si no? Esperando esos momentos que tanto nos gustan de té y cachimba (y volver… con la frente marchita…)
Un saludo a todos los que se pasan por este pequeño espacio… os animo a que me dejéis comentarios también.
La foto es de Víctor y allí estábamos todos los de este periódico. Siempre hay que aclarar que cuando te dedicas a esto, la vida es un poco más nocturna que la de los demás trabajitos.