domingo, 4 de octubre de 2009
¿Retroceder? Jamás
A veces me desdoblo, y mi paciencia se agota, y se cansa con el sonido del teléfono. No sé volver atrás. Ni quiero. Por eso no entiendo tu llamada. Ni te entiendo a tí. Mi cielo azul lleno de nuevo de nubes negras y un soplido inquieto apuntando al horizonte. Hay veces que quiero irme tan lejos que nadie me encuentre, dejar las cosas a medio hacer y lanzarme a por nuevos abismos y futuras metas. Dándome cuenta de que el calendario va tan rápido como yo quiera que vaya. Echando de menos, a veces, esas playas que me enseñaste, cuando la distancia se terminaba en tu boca y mi soledad en tus ojos. Que si tú me dices ven, a lo mejor ya no lo dejo todo. Pero no quiero volver atrás, no retroceder. No dudas, no miedos. No inquietudes a medio camino. Es una promesa conmigo misma. Y menos aún, hacerle daño a alguien de modo gratuito. Porque con el tiempo he aprendido también a controlar mis impulsos. Mis historias, mis momentos. Mi quehacer diario. Mis ganas de salir volando. Y dejar las cosas en la mesa, volviendo a ser quien era. A veces, también, quiero parar el tiempo. Y despertarme a tu lado, donde el frío ya no se notaba. Por la ventana, el campo nevado. Nosotros en nuestro paraíso de sábanas y recuerdos. Que ya se acabó. Porque un dia asi lo quisiste. Creyendo que era lo mejor. Me voy a arrepentir, me dijiste, y no sé su cumpliste tu promesa de echarme de menos, de sentir que faltaba. Yo a menudo lo hago, a partir de las doce de la noche. Cuando giro pensando que estarás. Y nada. Pero no voy a volver a buscarte, En el fondo, sería perder mi tiempo
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)