jueves, 14 de agosto de 2008

El dios del Olimpo

Dice que lleva dos gorros para evitar que sus orejas de soplillo hagan rozamiento con el agua. Se llama Michael Phelps y ya le han coronado como dios olímpico en Pekín varios periodistas, entre ellos Manolo Lama, de la cadena SER. Y no es para menos. Con sólo ocho años, le diagnosticaron hiperactividad, comenzando un tratamiento a base de pastillas y de actividades extraescolares para mantenerle ocupado. Su madre, Deboráh, decidió apuntarle a una piscina para que el niño quemara esa energía que iba a matarlos a todos. El pequeño Michael era inquieto, a veces incluso molesto debido a que no podía parar ni un segundo. Cuando llevava solo seis meses nadando empezó a batir récords de chavales de catorce años, lo que le valió para empezar a ser considerado por entrenadores y compañeros como un fuera de serie. Cuenta su madre que un día se plantó y le dijo que no pensaba seguir consumiendo esas pastillas que le recetaron para su hiperactividad, y que por ello redobló los esfuerzos en el agua. El resultado no se hizo esperar. Empezó a batir marcas propias y ajenas, empezó a destacar entre los demás y a proponerse nuevas metas. Ya hizo las delicias de los aficionados y dejó con la boca abierta a los comentaristas con su anterior actuación en los juegos olímpicos. Ahora en Pekín sigue dando razones. A Phelps también le llegará, como este año a Nina, la hora de retirarse, pero hasta ese momento tiene mucho que dar. Cuando ganú su tercera medalla, mientras estaba en la rueda de prensa, Michael, de carácter tímido según quienes le conocen, sacó el móvil del bolsillo y le dijo a los periodistas que estaban allí que iba a leerles un mensaje. Era de un compañero de colegio, uno de sus mejores amigos. "Estamos cansados de ver tu fea cara por la televisión", decía entre risas. No sé si será cierto que ellos están ya un poco hartos, pero supongo que es para alegrarle la estancia en la tierra del sol naciente a su gran amigo. Los aficionados al deporte no nos cansaremos de él. Ni su madre, que le sigue allá donde va y le acompaña en cada momento. Dicen también los periodistas que tienen la suerte de estar a pie de piscina, que cuando a Phelps le cuelgan la medalla se gira a donde está su progenitora y le dice "Va por ti, mamá". Es la historia de superación de un niño que comenzó siendo un trasto y terminó coronado como rey del Olimpo.
Puede que haber pasado una buena parte de ni vida entre cloro y corcheras me haga fijarme más en estas cosas. Han sido más de diez años aguantando todas las tardes de invierno y verano el olor a piscina, que poco a poco se ha ido calando hasta ser imprescindible y ahora un poco añorado. Nosotros, los que hemos nadado alguna vez, conocemos los movimientos subacuáticos de esos que en vez de nadar, vuelan. por eso les reconocemos tan importante logro.

1 comentario:

Dibújame una sonrisa... dijo...

El día que aprenda a mover las orejas mientras nada...ese día...volará por la piscinaaaa!!!
Jejeje!!
Es un hacha este hombre..es la verdad..
Besines!!