jueves, 25 de septiembre de 2008

La arena de los relojes

La arena de los relojes, hizo crecer el desierto... como cantaba Ismael Serrano, en su momento, cuando las clases de la Facultad eran aún una realidad como el anhelo de salir de las aulas para emprender una vida laboral que hoy en día aún no para de sorprenderme. Desde este momento a lo mejor por eso, he empezado a hacer más caso a la arena de los relojes. La misma que nos dice que el tiempo se nos acaba. La misma que a veces te juega malas pasadas y te hace pasarlas putas. El caso es que esa misma arena, amarilla como la de algunas playas, pasea por diferentes sitios.
Hoy la leí en un poema de Pablo Neruda, pero hace unos días la encontré naúfraga en un reloj de arena. A veces la vida te besa en la boca, decía Serrat, y a colores se despliega como un atlas.
Como el azul de un río, como esas veces en las que después siempre te arrepientes y un negro velo te tapa los ojos y te dice, ando aquí, mírame a la cara, maldito incauto, que te vas a estampar.
No sé si a más de uno le suena. Es como cuando pones todas tus esperanzas en ciertos momentos y en ciertas vidas que luego resulta que en lugar de paralelas son perpendiculares afiladas como punta de bayoneta. No sé si me explico. Las bayonetas hieren y hacen daño e incluso matan. Los alfileres se clavan como puñales y aunque su cicatriz sea pequeña, el daño que hacen puede llegar a ser muy grande. Historias como esta, momentos confundidos.
El caso es que ahora quiero ser yo de nuevo. Dejar de lado lo políticamente correcto para asomarme a ese mundo que cada día me gusta más. Dejar de pensar en el qué dirán o en el qué pensarán y dejar que me caigan sobre la cabeza chuzos de punta, como estalagmitas, que me arranquen la sangre. Sin estos pequeños momentos, sin estos pequeños arranques, ¿en qué queda la vida?

No sabes lo que haces al acercarte tanto,
no sabes que provocas primero risa... y luego llanto,
no sabes que tus manos son diferentes a las mías,
y que cuando tú te marches se me llenarán de heridas.

No sabes lo que provocas al desordenarte el pelo,
que me he de morder la boca y no decir... te quiero,
no sabes que tu risa es el mayor de mis laberintos,
y que cuando tus ojos falten en los míos nacerá un abismo.

No quiero tener que odiarte cuando de madrugada
sea tan solo tu recuerdo el que se meta en mi cama,
desordenando mis instintos naturales y fecundando en mis brazos el deseo de abrazarte,
no pido más... que seas real.

No ves que voy prendido del vuelo de tu vestido,
y que mi mente loca aún te desabrocha la ropa,
no sabes que del viento he colgado más de un beso
y así de esta manera poder besarte con su aliento.

No quiero quererte si no puedo tenerte,
no quiero desearte si no voy a alcanzarte,
no pido más... que seas real.

2 comentarios:

Dibújame una sonrisa... dijo...

Sin heridas no se valoran las cosas...sin haber sufrido en el camino no se sabe bien el valor de lo que se va consiguiendo..
No es vivir buscando sufrir...sino vivir..a secas, o mejor aún, en crudo y con todo su jugo!
Arriesgar y vivir sabiendo que la red de los que te quieren de veras, estarán ahí pase lo que pase!y te ayudarán a recomponer!
PD: VIVEE!!!
PD2: Loctite preparado por si hace falta ;-)
PD·: "Puede ser.."

Dibújame una sonrisa... dijo...

Pues sí..a veces la letra de una canción es la mejor de las misivas...
Besines!!