Páginas, llamadas, entrevitas. Impresoras que se quedan sin tonner y ruedas de prensa que se suspenden. Dedos manchados de negro y jazz en las convocatorias culturales. Un compañero y amigo que me regala un absurdo muñecajo de los de propaganda para pegarlo en el ordenador (ahora me mira con sus ojos de plástico fundido) Y vuelta a lo mismo. Un café, dos, por la mañana y por la tarde. Hablar con unos, con otros, (oye el viernes si no libras, nos damos una vuelta) las cosas de la vida con banda sonora de Gipsy King. El pequeño Javi en su carrito mirando a todas partes, envuelto en una manta blanca. Ya se pone de pie... mira q es mono.
Bolígrafos reventados en mitad de la mesa por culta de un absurdo concejal que me habla irónicamente de llevar la Brigada Paracaisdísta a solucionar un problema a los vecinos Peor para él. Lo de los paracaidistas irá en el titular. Y él saldrá perdiendo, como siempre.
Tenemos peligro, pero tenemos también encima muchas horas de trabajo, muchas letras escritas al cabo del día. Muchas llamadas perdidas y llamadas que dejas sonar sin hacerles ni puto caso. Esta es nuestra vida, que en el fondo es la que hemos escogido. Y eso es lo peor. Que en el fondo nos gusta. Hasta que nos cansemos, seguiremos al pie del cañón. Cuando el cañón se dispare, que sea lo que Dios (o Alá, o Buda) quiera.
martes, 28 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Ahí estamos, siempre entre letras a las que hay que dar forma para que se conviertan en palabras, frases, informaciones. Un caos; pero será que nos gusta porque si no sería insoportable, no? Un saludo, amigaaaa
Pues claro que os gusta..habéis luchado por llegar allí dónde estáis..y un capullo revienta bolis no será quién os haga torcer el camino..
Que vaya la brigada paracaidista o quién haga falta para que nunca os falte ilusión de gritar lo que otros no pueden gritar..
Besines!
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