sábado, 4 de octubre de 2008

Pensamientos

El azul de la habitación de un hospital da para mucho que pensar. Y más si desde su ventana se ve, a lo lejos, la Mezquita o la torre de la Catedral. Son muchas horas de espera, de conocer gente que acude también con problemas. De hablar con el acompañante sexagenario de la 416 de la importancia de una buena emisora de radio (para él la Cope) para hacer compañía en las mañanas. Para mí, la voz de Carles Francino o Carlos Herrera, para compartir actualidades. Móviles que se quedan sin batería y que no dejan de sonar. Sopresas anticipadas en forma de familiares que acuden a traer los mejores deseos. Y la Mezquita de fondo haciendo compañía. Pero sobre todo en un hospital lo que se siente es miedo. Miedo de no saber qué está pasando exactamente e impotencia al ver la dejadez del SAS, un servicio que pagamos todos. Pensar que ojalá no hubiera pasado lo mismo en Almería para sacarle los colores a más de uno. El caso es que en todo este tiempo no faltaron los momentos sorprendentes. Mensajes que devuelven las ganas de sonreir en ese ambiente de alcohol y agujas o libros como el de Benedetti que duran menos de dos días. Un fin de semana de asueto y volver, a ver qué tal va todo. Turnos. Relevos. Cenas y comidas en un self-service donde te sientas al lado de gente con la tristeza infinita pintada en la mirada. Personas a las que no conoces de nada y que comen mecánicamente una tostada de aceite. El caso es que da mucho que pensar....

1 comentario:

Dibújame una sonrisa... dijo...

Los hospitales dan mucho que pensar..esconden vivencias de todo tipo..alegres y tristes, nacimientos y muertes, salud y enfermedad...es como una espiral que absorve todo...
Pronto el azul será el del cielo..ya lo verás!
Besines!