viernes, 31 de octubre de 2008

Lo que dura un fin de semana

Es asturiano y se llama Pablo Moro, es el causante de que canciones como la que colgué en su día de Quédate. Ahora me desmarco con Lo que dura un fin de semana. Un tema triste pero real como la vida misma del disco Smoking Point. Me gusta esta canción porque es suave, porque cada palabra evoca momentos que aunque son duros, sabes que están ahí. Esa ventana de autobús por donde ves el paisaje pasar después de los discos de Tom Waits. Creo que en muchas ocasiones estamos todos encerrados en esa vida. En ese círculo díscolo en el que nos movemos. Quieres salir, pero es como una espiral que te toma poco a poco. Y qué más decir, creo que es mejor que el tema hable por sí solo. A veces una poesía así es capaz de levantar los sentimientos y las emociones más dormidas.

Te ví en el corazón de aquel disco que giraba
empañando los cristales con acordes de Tom Waits.
En el humo de la noche tu cuerpo se desnudaba
y rodaban por el suelo las fronteras de tu piel.
Planeaste un viaje “al moro” mirando por la ventana
cómo las gotas de lluvia desgarraban la ciudad,
y volviste sonriendo a meterte en la cama
y la luna de madrugada se durmió en tu paladar.
Entre versos de Allen Ginsberg ensuciando nuestra almohada
renunciamos a ser tristes prometiéndonos mañana.
Y la eternidad durólo que dura un fin de semana.
Llenamos nuestras bocas con millones de deseos
y drogamos nuestros cuerpos con poemas de William Blake.
Aquel era el principio del camino del exceso
y aprendimos la respuesta al enigma del querer.
“Lléname de tus historias, que se detengan las horas.
Regálame la llave de tu imaginación.
Ojalá la vida fueran sólo estas pequeñas cosas.
Ojalá el mundo existiera sólo en esta habitación”.
“El viaje más infinito que te puedo prometer
llega sólo hasta el domingo más triste de cada mes”.
Algo se rompió en silencio.Empezaba a amanecer.
Te vestías muy tranquila y yo cogí la guitarra.
“Quizá sea ésta la última canción que cantaré”.
De tu viaje al fin del mundo yo no quise saber nada.
De mis noches sin futuro te negaste a conocer.
Y en el autobús de vuelta mirabas por la ventana
memorizando el paisaje que no volverías a ver.
En la puerta de tu casa no hizo falta decir nada.
“No me mientas, no me digas nunca te olvidaré”.
Y entre calles solitarias recuerdo aquel par de días
maldiciendo cada lunes con toda su realidad.
Qué puta es la vida a veces,y otras qué de verdad.

5 comentarios:

Pepita Grillada dijo...

y esa melancolia?
se debe al cazador de percebes?
porque si es asi,
la mancha de una mora con otra se quita.

(y esoooo!!!!)

Berta dijo...

q va es q tengo tan poco tiempo q no puedo escribir bien solo me da para pegar canciones

Dibújame una sonrisa... dijo...

"Lléname de tus historias, que se detengan las horas.
Regálame la llave de tu imaginación.
Ojalá la vida fueran sólo estas pequeñas cosas.
Ojalá el mundo existiera sólo en esta habitación"

A veces "sólo" pegando canciones se deja ver mucho de lo que hay dentro..
Este Pablete es la leche..y ese tema es de los mejores.
Besines!

Anónimo dijo...

Hola. Soy Pepe el Grillado. A ver cuando sacas un poco de tiempo para escribir sobre lo q de verdad nos interesa. Te doy una pista

O te vas o te quedas
Sabes bien que es asi
Cuando
Algo va mal
Rocas del mar

Fdo. Pepe, Grillado

Berta dijo...

Pepe el Grillado es el alter ego de garcia lorca y nadie se ha dado cuenta