En una tetería escondida de un pueblo de Orihuela, después de haber comido en uno de esos bares de carretera donde lo más raro del mundo es un grupo de mujeres solas como nosotras, recibimos la hospitalidad de Ahmed, el dueño de la tetería, un Carmen en medio de un gran patio, lleno de recuerdos y cosas interesantísimas. Unas horas que se nos hicieron cortísimas pero que nos valieron para hacer millones de fotos, y dejar plasmados ciertos recuerdos en el agua de la fuente por la que nadaban pequeños galápagos. Sin móvil pero con el bolso de los Beatles siempre encima, qué vamos a hacerle), demostrando que seguimos vivos, como dice Ismael Serrano, y que los años seguirán pasando por el carné de identidad, pero espero que siempre queden y sigan quedando momentos como este. No me gusta ponerme melancólica, y menos en estos días en los que recordar parece que está prohibido y quienes mandan se aferran a una memoria histórica que no deja paso al presente, pero lo que sí es cierto es que prometimos volver (esos posavasos...) para luego irnos a Archena a pasar la tarde y dejarnos guiar de nuevo por el socorrista de ojos azules. Esto es lo poco que llevo en los bolsillos, pero espero que por mucho tiempo más.
sábado, 12 de julio de 2008
Té de menta
En una tetería escondida de un pueblo de Orihuela, después de haber comido en uno de esos bares de carretera donde lo más raro del mundo es un grupo de mujeres solas como nosotras, recibimos la hospitalidad de Ahmed, el dueño de la tetería, un Carmen en medio de un gran patio, lleno de recuerdos y cosas interesantísimas. Unas horas que se nos hicieron cortísimas pero que nos valieron para hacer millones de fotos, y dejar plasmados ciertos recuerdos en el agua de la fuente por la que nadaban pequeños galápagos. Sin móvil pero con el bolso de los Beatles siempre encima, qué vamos a hacerle), demostrando que seguimos vivos, como dice Ismael Serrano, y que los años seguirán pasando por el carné de identidad, pero espero que siempre queden y sigan quedando momentos como este. No me gusta ponerme melancólica, y menos en estos días en los que recordar parece que está prohibido y quienes mandan se aferran a una memoria histórica que no deja paso al presente, pero lo que sí es cierto es que prometimos volver (esos posavasos...) para luego irnos a Archena a pasar la tarde y dejarnos guiar de nuevo por el socorrista de ojos azules. Esto es lo poco que llevo en los bolsillos, pero espero que por mucho tiempo más.
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1 comentario:
Y volveremos! eso ni lo dudes!
Y seguiremos llenando los bolsillos de ratos buenos que nos ayuden a seguir adelante con la sonrisa como escudo! ni lo dudes!!!!
Besines!
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