viernes, 25 de julio de 2008
Una noche en la playa
Como si nada. Las horas fueron pasando y nosotros como si nada. Bajamos como quien no quiere la cosa, hasta la arena y ahí nos dieron las diez y las once y las doce y la una y las dos y las tres como en la canción de Sabina. El caso es que lo pasamos bien, pero claro todo pasa factura y hoy están los ojos como brótolas recién pescadas en el puerto de Motril. Ayer tuve la suerte de hablar con Tico Medina, granadino y periodista, una excelente persona y un gran profesional que me contó el arte de explicar con palabras lo que se ve. Cuando finalicé la entrevista, me comenzó a preguntar cosas y bien es cierto que me hubiera encantado poder estar hoy departiendo con él en el curso al que viene. Pero no puede ser, tengo más cosas que hacer. De cara al fin de semana, me iré para mi tierra seguramente. Tnego también gente que espera allí y a la que hace tiempo que no veo. Qué ganas. Además igual hasta hay suerte y está por ahí el Clan de Hamelin. Escuchando una de las mejores canciones que nunca se han escrito, Father and Son de Cat Stevens parece que el día es más amable, que el despertador no ha sonado y que quedan cosas por hacer. Tengo tantas ganas de hacer cosas y tan poco tiempo... De momento, por un lado estoy contenta y situaciones como ayer, entre amigos y al mismo tiempo compañeros (que no tiene por qué estar reñido) en la playa fue un primer paso. Hacía tiempo que no me bajaba a la playa a esas horas. Y siempre está bien volver. Creo que en muchas ocasiones la mala suerte nos da la espalda. En este caso así fue. Y eso que la playa lo que son buenos recuerdos por la noche no me trae. Las mayores esperanzas que tuve durante algunos años las enterré a orillas del mar de Torrenueva. Lo que más me jode es que, sabiendo lo que ocurrió, sabiendo que las cosas no fueron como tenían que ser y que al final tuve que volver a aprender a entender (algún día realmente alguien tendrá que empezar a entenderme a mi) creo que queda mucho camino por andar. Y es que lo de aprender a entender a los demás, especialmente a aquellos que hacen del hijoputismo su bandera, es lo más jodido del mundo. Y curiosamente a aquellos a los que he tenido que entender ha sido a auténticos cabronazos que luego han contado con el apoyo de personas que ni podría imaginarme. Pero bueno, es lo que haaay como diría Curro y la vida es así, como añado yo. El caso es que ayer nos dieron las tantas y que, en contra de lo que ocurre muchas veces cuando sales de bares, estuvimos agustísimo. Besos a todos.
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1 comentario:
Esos momentos no tienen precio..y son un auténtico regalo..me alegra que te hayas "reconciliado" con la orilla de la playa de noche...lo merece!
Esta parte clanífera no estará por tu tierra, me quedo por boquerolandia! pero espero que crucemos pasos de nuevo pronto!
Besines y ya es viernessssssss!!! ;)
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