Madre mía, qué mal lo llevo... que se me acaban las vacaciones, qué disgusto más grande. Todo lo que empieza tiene un final, pero es que este final es tan chungo... Los días en la calle, con los amigos, en el pie de la Alhambra, en el mirador de San Cristóbal, las noches que no terminan, los días que no empiezan. Y ahora de nuevo a trabajar.
Como decía Manuel Rivas en su libro "El periodismo es un cuento" (por Dios, espero que alguien le conozca por lo grande que es y no por ser padre de el de el Internado de antena 3) nuestra profesión es un arte. O la quieres o la odias. Sé que llevo poco tiempo ejerciendo, ya van para los cuatro años más o menos aunque antes colaboré esporádicamente en algunos medios muy locales, no es suficiente como para empezar a renegar de nada. Sé que en el fondo ser periodista es algo más que llamar por teléfono, que preguntarle a los políticos (sí, esos seres con los que hay que lidiar un día sí y otro también) y soñar en el fondo que aún queda otro mundo, y que es posible, y que hay que seguir luchando también desde la postura que cada uno tenemos y a nuestra manera.
Existen los que lo hacen con una guitarra en las manos (cómo no, Ismael, Luis Eduardo, Silvio, Joan Manuel, Joaquín... y otros muchos) y quienes tenemos la palabra en nuestro poder para mostrarla tal y como es, sin más velo que la realidad... y mira que eso a veces te lo ponen complicado.
Mi perro duerme en el suelo, con la pata encima de su viejo hueso raído de tienda de animales. Seguro que ella no sabe lo que son vacaciones, ni que las mías terminan mañana.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Te equivocas..ella sabe bien lo que son las vacaciones!!!! vive en unas perpetuas! joer! jajaja!!
Ánimo! si no hay trabajo no hay vacaciones!! que ganitas de que lleguen las míaass!!
Besines desvacacionados!!!
Publicar un comentario